WASHINGTON — Ha exigido "vapor" para alimentar a los portaaviones de la Armada y prefiere un muro a drones y otra tecnología para asegurar la frontera sur del país.

Ha rechazado el consenso científico sobre el cambio climático y repetidamente (erróneamente) señaló el clima invernal ocasional como prueba de que tiene razón.

Esta semana, en medio de una amenaza de seguridad que involucró a los aviones 737 MAX 8 y MAX 9 de Boeing, el presidente Donald Trump se quejó de que los aviones modernos son "demasiado difíciles para volar". Agregó: "Lo veo todo el tiempo en muchos productos. Buscan siempre ir un paso innecesario más allá, cuando a menudo lo tradicional y simple es mucho mejor".

El presidente, un septuagenario que solo tuitea y no envía correos electrónicos, ni mensajes de texto, ni usa computadoras, se muestra abiertamente maravillado ante la invención de la rueda y no es tímido al exponer su actitud de vieja escuela hacia la tecnología.

Sin embargo, esta cosmovisión representa una ruptura con la postura generalmente futurista de los antecesores de Trump en su vida. Sus comentarios más recientes en un par de tuits el martes por la mañana, aludiendo a los modelos Boeing involucrados en dos choques en seis meses, pusieron de relieve el desconcertante e incluso peligroso modo de pensar de un director ejecutivo del siglo XXI tan obstinadamente reacio al cambio y casi indiferente al avance tecnológico en una era de intensa competencia global.

"Es profundamente preocupante y no se trata solo de evidencia científica, sino de una más amplia", dijo John P. Holdren, director de la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca durante el gobierno de Obama. “Simplemente dice y tuitea lo que piensa desde su instinto, no a partir de datos, evidencias o hechos y eso es extremadamente peligroso en términos de seguridad nacional, relaciones exteriores y todo tipo de áreas".

"Hay 87 mil vuelos por día" en Estados Unidos, agregó Holdren. "Demostramos 87 mil veces cada día que los aviones no son demasiado complejos para volar".

Cualquiera que haya sido la causa del último accidente el domingo en Etiopía, que mató a todos a bordo, después del catastrófico accidente en Indonesia en octubre, Trump esperó hasta el miércoles por la tarde para ordenar que los modelos MAX quedaran en tierra indefinidamente en espera de una investigación. Cincuenta y un naciones, entre ellas el Reino Unido, Australia y Canadá, ya habían ordenado que los aviones estuvieran fuera de servicio y los miembros del Congreso en ambos partidos instaron a la administración a hacerlo también.

El director general de Boeing, Dennis Muilenburg, quien viajó con Trump a Hanoi el mes pasado para celebrar los pedidos de aviones MAX de tres aerolíneas vietnamitas, habló con el presidente el martes después de sus tuits sobre el supuesto peligro de la complejidad de los aviones. La compañía planea actualizar el sistema de control de vuelo en aviones 737-MAX para solucionar problemas con un sistema de prevención de bloqueo.

Cuando el modelo 787 Dreamliner de Boeing tuvo un problema de incendio de batería en 2013, durante la administración de Obama, la Administración Federal de Aviación (FAA) puso a tierra el avión durante seis semanas hasta que se implementó una solución. Sin embargo, los incidentes de incendios continuaron en 2014, lo que llevó a Trump a tuitear en marzo de ese año: “No se debe permitir el uso de baterías de iones de litio en aviones. No volaré en el Boeing 787 Dreamliner, si usa esas baterías".

En su tweet del martes, Trump se quejó de que los aviones son tan complicados que requieren "científicos en sistemas del MIT", y agregó: "No sé ustedes, pero no quiero que Albert Einstein sea mi piloto".

Eso provocó una parodia de The Onion, un sitio web satírico.

"El presidente Donald Trump se quejó el martes sobre los controles demasiado complicados necesarios para operar las puertas de hoy en día", criticó su supuesta noticia, citando al presidente como si se hubiera quejado: "Los únicos estadounidenses que saben cómo operar estas complejas puertas son ingenieros y científicos del MIT, las personas normales no pueden entrar ni salir de ningún lado”.

Los rivales de Trump no se divierten.

"La evidencia y la ciencia no son tan populares en esta administración, pero nuestras vidas dependen de la capacidad de este periodo de mandato para comprender y procesar esta información", señaló Pete Buttigieg, alcalde de South Bend, Indiana, quien con 37 años, es el más joven de una docena de candidatos presidenciales demócratas declarados. "Tu loco tío puede ser divertido, pero cuando lo pones a cargo realmente puede dejarte en desventaja".

Bajo Trump, la FAA no ha tenido un administrador permanente durante 14 meses. El presidente, propietario de un Boeing 757 y considerado nombrar a su piloto privado para dirigir la agencia reguladora, ha estado fascinado por la aviación y no se ha detenido en compartir sus opiniones sobre seguridad aérea.

Sin embargo, él ha propuesto recortar los fondos para la agencia cada año. Su recién presentada propuesta de presupuesto para el año fiscal 2020 reduce el gasto para el Departamento de Transporte en casi un cuarto.

“Trump es un tipo de bienes raíces, no una persona de tecnología. Su administración ha tardado en reaccionar a muchos desarrollos digitales", comentó Darrell M. West, director del Centro para la Innovación Tecnológica de Brookings Institution.

No fue hasta enero que el Senado confirmó a Kelvin Droegemeier, un experto en clima extremo, para que se desempeñara como el principal asesor de ciencia y tecnología del presidente, dejando el puesto vacante por casi dos años. Trump no nominó a nadie hasta agosto pasado.

El trabajo de Droegemeier es asesorar al presidente sobre los gastos y políticas de investigación federales en áreas que incluyen inteligencia artificial, clima, medicina y ciberseguridad. Su nombramiento se produjo mucho después de que Trump retirara a Estados Unidos del acuerdo climático de París en 2017 y pusiera fin a una serie de regulaciones de la administración de Obama destinadas a combatir el cambio climático. El Congreso ha ignorado principalmente sus reducciones propuestas en inversiones de investigación científica.

En febrero, Trump firmó una orden ejecutiva que esbozaba una estrategia nacional sobre inteligencia artificial que requería aumentar el acceso a los datos federales, brindar apoyo financiero para investigación y desarrollo, mejorar las infraestructuras digitales y mejorar el desarrollo de la fuerza laboral. Sin embargo, la orden no incluía fondos adicionales para lograr esos objetivos.

"Ese es un peligroso mensaje mixto que está enviando el presidente", advirtió West, quien notó que la inversión de China en tecnología de inteligencia artificial supera con creces la de los Estados Unidos. "Trump parece tardar en aprovechar las oportunidades de la tecnología y no se preocupa lo suficiente por el riesgos en términos de seguridad nacional y competitividad económica".

El presidente de China, Xi Jinping, se ha fijado una meta de superar a Estados Unidos tecnológicamente para el año 2030.

"El tema central de este presidente y esta campaña es la idea de que puedes hacer retroceder el reloj, que puedes 'hacer que América vuelva a ser grande', que la respuesta para las personas preocupadas por el cambio es que vamos a detenerlo y revertirlo, eso simplemente no es verdad y no es posible", expresó Buttigieg, cuyo atractivo generacional es parte de su discurso presidencial.

"Obviamente hay un llamado superficial a los líderes que nos dicen que no tenemos que cambiar", detalló. "Pero en un momento en que la automatización y la inteligencia artificial están transformando profundamente nuestra economía y nuestra sociedad, nos gustaría creer que tenemos líderes que lo entienden".

En otro tema, Trump expresa con orgullo su escepticismo de que los humanos están contribuyendo al cambio climático. Al preguntársele el año pasado si había visto el terrible pronóstico de su propio gobierno sobre el impacto potencial del calentamiento global, Trump respondió: "No lo creo".

Durante un discurso este mes en la Conferencia de Acción Política Conservadora, Trump se burló de los demócratas por proponer un "Green Deal", bromeando que un cambio a la energía eólica impediría su capacidad de ver televisión en días ventosos.

"El antiintelectualismo ha sido bastante común en la cultura política estadounidense durante mucho tiempo", afirmó Emrys Westacott, profesora de filosofía en la Universidad Alfred en Nueva York. "Trump es probablemente el ejemplo más extremo de un presidente que trata de manipular y explotar conscientemente el resentimiento que perciben los que sienten que las "élites" los están dejando de lado o que son menospreciados".

Al notar que el presidente "recibe bastante apoyo de las comunidades donde los empleos tradicionales han desaparecido debido a la automatización", dijo Westcott, "Por supuesto, Trump prefiere culpar a los inmigrantes o la competencia extranjera desleal o las compañías que mueven sus operaciones en el extranjero".

Añadió: "Sospecho que las personas son algo conscientes de que la automatización es en realidad un factor importante que provoca el declive de ciertos tipos de trabajo y logran suprimir esta conciencia cuando Trump anuncia a gritos que reactivará industrias como la minería del carbón y el acero”.

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(c)2019 Los Angeles Times

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